Chistes pornos
RelatosPorno
NUNCA NADIE ME LO HABÍA ECHO ASÍ
( QUE MORBO MMM )
Hola soy una chica con muchas ganas de descubrir cosas nuevas, tanto en el sexo, como el todo en general. La otra noche, estaba un poco baja de moral y me metí en uno de los chats que hay por internet, allí conocí un chico que al parecer estaba muy necesitado de hembra, despues de chatear un rato con el, me propuso de vernos y eran pasadas las once de la noche, puf no sabía que hacer porqué tenía un poco de reparo pero las ganas de estar con el me hacia vibrar, me toqué un poco para quitarme un poco las ganas de sexo y lo que me pasó es que me vinieron más ganas, en mi mente pasaban todo tipo de pensamientos, el chico que estaba detras de la camara no era guapo, al contrario, tenia un aspecto de malo, la cara llena de barba y los ojos de delincuente, pero quisas era eso lo que me atraia más de el y la situación que estaba pasando, en la charla me dijo que me hiba a pasar su lengua por mi vagina hasta que me corriera y luego que me hiba a perforar con su enorme polla, que por cierto era verdad que la tenía enorme, medía almenos 24 centimetros buff que miedo y a la vez que gusto que me dió. Despues de chatear y ponernos calientes, decidimos quedar, pero como que ni el ni yo teníamos sitio quedamos en la calle, el me vino a recojer con el coche y nos fuimos a tomar una copa para entrar más en confianza. Estuvimos poco rato en el bar porqué tanto el como yo estabamos ansiosos de tenernos uno a otro y acabamos en su coche todoterreno, el empezó a besarme y yo me dejé, pero cuando me metió mano entre mis piernas es cuando tube el primer orgasmo, mojé totalmente mis braguitas.
El no se si se dió cuenta peró yo no le dije nada, de pronto me subió la mini que llebava y empezó a llamerme entre las piernas sin emportarle el echo de que mi chochete estaba chorreando de placer, no podía parar de correrme, el tio tenía una lengua, uff parecía que me lo hiba a comer todo, no pude resistirme más y tube otro orgasmo esta vez más fuerte que el primero. Yo estaba ya agotada pero el dijo que solo acababa de empezar y estaba muy exitado, me pidió de chuparsela un poco y es lo que hice solo le chupé la polla un ratito porqué era demasiado gorda y el no paraba de empujarla dentro de mi garganta, cuando vió que yo me resistía con la boca, me dió la vuelta y sin quitarme las braguitas que a ese punto estaban mojadissimas, me las apartó y quiso ponerme su rabo dentro de mi conejito, a mi me gustó la idea pero me resistí y le dije que quería hacerlo pero con preservativo. El se puso un poco serio y me preguntó si yo llebava alguno y le dije que si, solo llebava uno pero no era de su talla, le hiba un poco estrecho y me dijo que le molestaba, yo le contesté que o así o otro día. Cuando al fin pudo ponerse el condon, me puse en el asiento trasero con el culito para arriba para que el podía desahogarse con mi chochete, pobre se lo había ganado. Mi vagina estaba mojada pero poco a poco se fué quedando sin lubricante el condón hasta que se rompió dentro de mi, yo me dí cuenta pero como que el estaba muy exitado no le dije nada y seguí haciendo como si nada, con todos los golpes que me daba el cabrón me lo estaba reventando, ya empezaba a dolerme.
Despues de media hora taladrando mi coño sentí como si estaba a punto de correrse y le avisé que no lo hiciera dentro porqué no tomaba ninguna precaución, pero al decirle esto, le encendí más las ganas de hacerlo dentro de mi vagina y es lo que hizo, cojió mis manos por detras, me bloqueó las piernas y me inundó todo el coño con su leche caliente que no paraba de salir. Ahora hace tiempo que no le veo, pero aquella aventura, es la que más me gustó de todas las que he tenido hasta ahora y que pronto hos contaré para que podais ponerlas en vuestra página. Desde entonces ha quedado en mi mente aquel recuerdo y me ha generado un morbo que antes no tenía, ahora espero que se rompan más condones porqué quiero sentirme llena.
OBEDIENTE Y SUMISA
Al principio de nuestra relación, los encuentros pasionales no eran nada especial. Estaban muy bien pero no salían de la norma. Las experiencias diferentes, interesantes y por sobre todo excitantes, comenzaron a surgir con el tiempo, a medida que la confianza que nos teníamos se iba incrementando. A mi entender, todo cambió cuando comenzó a susurrarme al oído las cosas que me haría mientras acariciaba dulcemente todo mi cuerpo. Me decía cosas como que me iba a tocar las tetas y la concha muy despacio y con cariño hasta que estuviera bien mojada, que yo debería mamarle la verga y que luego de hacerme desearla con todas mis ganas tal vez, y solo tal vez iba a cogerme. Eso me producía una sensación extraña, mezcla de deseo y frustración. No me gustaba la idea de que existiera la posibilidad de no llegar a mi merecido orgasmo pero sabía que si me esmeraba en cumplir sus órdenes adecuadamente obtendría mi premio la mayoría de las veces. Nunca antes me habían hablado en la cama y al principio lo único que lograba al hacerlo era desconcentrarme; pero con el tiempo sus palabras ya no me impresionaban sino que me gustaban. Me excitaba de sobremanera escuchar su voz en mi oído, al punto que llegué a tener intensos orgasmos solo con oírlo hablarme. Sus palabras eran simplemente una preparación. Al decirme lo que me iba a hacer tenia la oportunidad de observar mi reacción a las ideas que sugería. Si me excitaba y gemía estaba aceptando sus propuestas; si callaba era porque aún no estaba preparada para entregarme. Así fue descubriendo mis preferencias sexuales, y así también me enseñó a cambiar mis gustos y logró que comenzara a desear las cosas que él quería que hiciera. Nadie sabe tocarme como lo hacía él. Llegó a conocer mi cuerpo como si fuera el suyo, sabía perfectamente por donde empezar y hasta donde llegar en cada sesión, cada una un poco más intensa que la anterior. Al principio las únicas herramientas en juego eran nuestros cuerpos, pero con el tiempo todo tipo de juguetes sexuales y prendas eróticas comenzaron a tomar un lugar en nuestras vidas. Dedicábamos a nosotros mismos todos y cada uno de los fines de semana. Pasábamos juntos de viernes a domingo, cogiendo sin parar, disfrutando de nuestros cuerpos y de las sensaciones nuevas que descubríamos en cada ocasión. Una noche, tomé la iniciativa de vestirme de un modo diferente, con ropa interior que había comprado en una tienda de lencería. Llevaba un portaligas rojo, con sus respectivas medias y zapatos de tacón. Un corpiño haciendo juego realzaba mis tetas, haciéndolas irresistibles para él. Mi pelo negro y lacio estaba sujeto por una bandana color carmín. Mis labios, pintados a tono, daban el toque final a mi atuendo. Quedó atónito cuando me vio, realmente no esperaba ver esa imagen cuando salí y me aparecí frente a él con la sorpresa, pero menos esperaba yo lo que pasaría durante el resto de la noche. A la luz de las velas, una música suave y dos vasos de whisky aguardaban en el cuarto, sobre una bandeja en la cama. Bebimos el whisky mientras hablábamos por unos minutos. Sin quitarme los ojos de encima, me pidió que me atara el pelo en una cola de caballo y me acostara en la cama con los ojos cerrados. No había cenado esa noche y el alcohol hizo sus efectos casi de inmediato. Decidí hacerle caso y me acosté boca a arriba en la cama luego de recoger mi pelo como me indicó. Él había abandonado el cuarto pero sentí sus pasos al volver. Me tensé un poco al sentir el calor de su cuerpo que se acercaba al mío lentamente. Me pidió que sin abrir los ojos levantara un poco la cabeza, y usó mi propia bandana para vendarme los ojos. Me dejó en la oscuridad total. Con su voz suave me susurró al oído que esa noche iba a experimentar muchas cosas nuevas. - Vas a hacer todo lo que yo te diga esta noche? - Sí… le dije, sin saber bien en lo que me estaba metiendo. Sus palabras me asustaban a veces, pero me sentía segura con él. Además, ansiaba esas palabras como a nada en el mundo. Desde entonces, ya no me pedía que hiciera lo que me dijera, simplemente me daba órdenes. Órdenes que debía cumplir por haber accedido a esa simple pregunta que jamás pensé que iba tan en serio. Me obligó a sentarme en la cama y me quitó el corpiño y luego me volvió a acostar pero no tan dulcemente como solía tratarme. Lo hizo con fuerza, más que dejarme caer, me dio un fuerte empujón. Yo estaba un poco sobresaltada pero no me preocupó mucho. Una vez acostada me empezó a chupar las tetas y yo casi en seguida comencé a gemir de placer. Mis pezones son la parte más sensible de mi cuerpo, y él lo sabía. Después de un rato noté como su boca se alejaba de ahí y sentí un dolor intenso en uno de mis pezones. Grité casi involuntariamente y él se acercó a mí sólo para decir: - Shhhhh, no quiero oírte gemir hoy, no quiero que hagas ni un solo ruido, o te voy a tener que castigar. - Ah si? Pregunté…. Y qué me vas a hacer? - Te dije que te callaras. Ya vas a ver lo que te va a pasar por desobedecer.
No entendía muy bien a qué se refería pero pronto lo averiguaría. Puso otra pinza en mi otro pezón y tuve que hacer un esfuerzo muy grande para no emitir sonido. Mientras hacía esto me acariciaba las piernas pero no llegaba a tocarme la concha. Las pinzas me causaban dolor, pero poco a poco esa sensación se fue desvaneciendo y dio paso a otra hasta el momento desconocida para mí. Era presa de olas de placer que me invadían haciendo que mi cuerpo se contorsionara para suplir mi necesidad de expresarme a través de gemidos. Sentía como mi concha empezaba a mojarse…
Mientras me acariciaba suavemente las mejillas me preguntó: Te gusta puta? Era la primera vez que me decía puta, y me sentí un poco extraña al escucharlo pero como no podía hablar, lo único que hice fue mover mi cabeza en signo de afirmación. Siguió acariciando mi rostro suavemente y yo me entregué al placer. Muy calmada dejé de moverme y disfrutaba de la sensación del dolor en los pezones y de sus caricias. De repente alejó su mano de mi cara y me dio una suave bofetada que no me dolió, pero me sorprendió. Acababa de entender en qué iba a consistir mi castigo y todavía podía impedirlo si decía algo. Pero estaba tan excitada que no dije nada y simplemente seguí concentrada en las sensaciones placenteras. Intercaladas con suaves caricias, sus bofetadas eran cada vez más fuertes y en un momento ya no pude aguantarme sin hacer ruido. Sin embargo, en lugar de gritar o quejarme me encontré gimiendo incontroladamente. De pronto dejó de pegarme y me tapó la boca con su mano.
- Te gusta que te pegue, puta? En ese momento me di cuenta de que estaba gimiendo de placer cuando el me daba esas bofetadas pero no quería aceptar que me gustaba así que le dije que no. - Me estás mintiendo, porqué gemís si no te gusta eh? - No sé, le dije. - Si, sabés, y quiero que me lo digas. Gemís porque sos una puta y te encanta que te pegue, verdad? Le volví a decir que no. Eso me costó la bofetada más fuerte que me había dado hasta el momento. - Bueno, muy bien, hagamos otra cosa entonces... Todavía con los ojos vendados, me levantó de la cama y me hizo arrodillarme en el piso, mientras él estaba sentado al borde de la cama. Tirándome del pelo guió mi boca hacia su pija bien dura y me dijo que se la chupara. Yo comencé a chuparla despacio pero eso no le gustó. Unos instantes más tarde él se encargaba de mover mi cabeza a su agrado, haciéndome chupársela rápidamente. Luego de un rato, cuando notó que yo estaba suficientemente excitada y deseando su pija más que a nada alejó mi cara un poco y comenzó a pegarme con la pija sin dejar que yo la atrapara con mi boca. Todos mis intentos eran en vano, no importaba cuánto lo intentara, era imposible que volviera a permitirme chuparla.
-Querés chuparla no? puta - Si quiero - Pero te portaste mal, porque no hiciste lo que yo te dije, a pesar de que prometiste que lo harías, así que te tengo que castigar... Otra vez sus palabras me calentaban, y era fácil para él darse cuenta porque no podía evitar gemir cuando lo escuchaba hablarme así. Me levantó de mi posición y me colocó boca abajo sobre la cama con las piernas aún sobre el piso dejando mi cola expuesta. Me sacó la tanga roja que tenía puesta pero me dejó el portaligas con las medias y comenzó a chuparme el culo mientras me tocaba la concha. - Qué mojada estás... Lo estaba de hecho, sentía mis flujos calientes recorriendo mis muslos y eso me excitaba aún más. De repente alejó su boca de mi ano y un dedo tomó su lugar, lo introdujo fácilmente porque yo estaba tan excitada que se había dilatado mucho. - No hagas eso, por favor – le pedí - Yo te hago lo que yo quiero, vos accediste Y a su respuesta siguió una serie de nalgadas, mucho más intensa que las cachetadas que había recibido hace un rato. No habíamos probado el sexo anal y la verdad que me asustaba un poco, pero el negarme no me sirvió de nada. Volvió a introducir un dedo, y luego dos. Al cabo de unos minutos, la excitación que tenía no me dejaba pensar en otra cosa, tener su pija dentro mío era todo lo que quería. Por supuesto que no sería tan sencillo… -Abrí la boca me dijo - mientras estaba aún acostada en la cama – quiero que chupes esto, y quiero que lo chupes como si fuera mi pija, con muchas ganas. Mis ojos seguían vendados así que no sabía de qué estaba hablando pero apenas terminó de pronunciar esas palabras un vibrador me llenaba la boca y yo estaba chupándolo como si fuera su pija. Con mis tres agujeros llenos estaba a punto de tener un orgasmo cuando nuevamente mis gemidos me delataron y entonces, él retiró sus manos de mi ano y mi concha. Volvió a colocarme en la posición anterior, aunque esta vez en cuclillas pero aún chupando su pija. Debajo mío estaba el vibrador, encendido, y la punta masajeaba mi ano, acariciándolo y haciéndome desear tenerlo adentro. Justo cuando me disponía a dejarlo entrar me dijo: - Cada vez que ese vibrador entre un poco más adentro tuyo, te voy a pegar. Él sabía perfectamente que no podría evitarlo, le pedí que no me hiciera eso pero no me escuchó. Me metió su pija en mi boca y yo comencé a bajar sobre el vibrador a pesar de lo mucho que intenté no hacerlo. Guiaba mi cabeza tomándome del pelo nuevamente y la retiraba de a ratos para abofetearme por haberme metido el vibrador adentro. A veces me pegaba también con su pija. Así estaba yo, tenía esa falsa pija dentro mío, hasta el fondo, y la suya en mi boca, llenándome de placer. Con la mano que tenía libre acariciaba mis tetas y en un momento, la excitación fue demasiada y ya no pude aguantarme. Gritando llegué al orgasmo más placentero que había tenido en mi vida y mis gritos le provocaron un orgasmo a él que yo tragué por completo. Nuestras noches cambiaron desde ese día, y cada vez se hicieron más y más intensas. El sabor de su semen desde entonces es mi golosina que quiero que me de antes y despues de despertarme como desayuno, quiero llegar a tragarme litros y litros de su placer.
SEXO CON LAS HERMANAS
Había un señor que, llamaremos Pantaleón, que tenía cuatro hijas. Una de ellas tenía de edad veintiuno, era un chupete, yo tenía veintidós. Qué culito. De paso que le fascinaban las minifaldas hasta donde la marca de la ropa interior se anuncia. Una delicia. No era grande. Una estatura de un metro sesenta y cinco o algo así, pero era blanca como dorada, más o menos y rejuguetona, como toda joven de su edad. Dulce e ingenua, pero con una picardía digna de sus añicos.
El papá trabajaba como constructor, mejor dicho, encargado de la construcción o jefe de albañiles, ya no se ni como llamarlo, lo cierto es que en la sala de estar tenía un escritorio y cuando sus hijas me entraban a su casa, allí nos la pasábamos hablando quien sabe de qué. A mí me gustaba mucho sentarme en la silla detrás del escritorio, al estilo secretario y ellas enfrente. Cuando abrían las piernas por algún movimiento voluntario o inconsciente, la lengua se me retorcía dentro de la boca y ésta se me hacía agua. A Carolina, le fascinaba estar de pié a mi lado recostada sobre el escritorio viendo a sus hermanas. Me enseñaba aquel trasero que me trastornaba. Yo bajaba la mano y se la pasaba entre las piernas, ella las abría, y yo llegaba hasta sus entrepiernas y con mi dedo le hacía a un lado el borde de su ropa intima y le frotaba toda la cosita. Una poderosa erección me desgarraba el pantalón. Las otras, creo, sabían lo que pasaba, pues se hacían las locas. A veces se salían con el pretexto de ir a buscar algo de tomar o de comer. Carolina abría las piernas y se me sentaba besándome furtivamente, desesperadamente, con rapidez, como si nos iban a descubrir. Aún con la bragueta cerrada yo sentía lo blandito y húmedo de su sexo. Ella se frotaba y se frotaba contra mi bragueta y cuando se oía que sus hermanas venían, volvía a la misma posición para no despertar sospechas.
Un día no aguanté más el jueguito y, mientras las otras se preparaban para ir a traer los refrescos, ya me saqué el instrumento bien erguido, pero tuve cuidado de disimularlo debajo del escritorio. Cuando ella se me sentó, abrió los ojos como dos soles, enormes y, miró hacía abajo. “Uy, todo eso me quieres meter”, me dijo con los ojos desorbitados. Eso no se mete, solo se frota, le dije yo con la voz casi perdida de la desesperación de penetrarla, muriéndome... La cogí por la cintura y la abracé con delicadeza, pero firmemente. Ella al sentir aquello desnudo, más se frotaba y se frotaba y se frotaba. De tan mojada que tenía la ropa interior que se hizo a un lado sin pedírselo. Aquella introducción fue gloriosa. Yo navegaba en un torbellino tumultuoso de pasión, de agonía, de, de no se que, de sentir como ella estaba introduciéndose todo aquello saboreándolo despacito, muy despacito, y no pude contener un gran orgasmo y una tremenda eyaculación la hizo retorcerse y lograr varios orgasmos simultáneos. Ella me mordió las orejas, los labios, el cuello y no me soltaba, quería como fundirse conmigo. El ruido que hicieron sus hermanas la hizo saltar y volver a colocarse a la par mía. Yo apenas si tuve tiempo de empujar la silla hasta que el escritorio me topo el pecho, para ocultar los chisguetes de esperma que todavía estaban saliéndome, manchando la parte de abajo del escritorio.
Al nomás entrar, sus hermanas dijeron, olfateando como perritas, que raro huele aquí. Claro, era el olor del esperma y el sexo. Porqué tienen la cara colorada, ustedes?. Eee... es que nos acabamos de contar un chiste colorado. Verdad?, me dijo. Si le dije yo con el aliento sofocado. Están como si hubieran corrido unas dos cuadras. Qué bárbaros. Yo solo me reía como un idiota. Como pude me fui cerrando la bragueta. Ni cuenta me di que tenía todo el pantalón mojado de los orgasmos de Carolina. Esa fue la tarde más penosa para mí. Tuve que prolongar mi estancia y luego salir de medio lado porque todavía tenía parado el instrumento. Ese culito no se me podía ir. Tengo que poseerla hasta que quede satisfecho, me dije.
Otro día Carolina les pidió a sus hermanas que prepararan algo de comer, pero delicioso, que se tomaran su tiempo. Las otras tres se fueron a la cocina. Esta vez ella tenía una falda más larga que de costumbre y yo no le podía ver su G string. Al nomás salir sus hermanas se me sentó con tanta angustia que no me tenía que pedir en me pusiera erecto. Desde el momento en que les pidió a sus hermanas que salieran, yo ya estaba tieso. No tenía ninguna prenda abajo!!!. Ah, que delicia. Tenía una puntería esta nena que no necesitaba ninguna guía. Me ha cogido con tanta fuerza que yo sentía que me lo iba a arrancar todo desde la base de tanto que me apretaba. Aaaahhhhh!!! me vine con una fuerza terrible y ella se apretó aún más contra mi y emitía quejidos casi imperceptibles, como perrita quejándose. Se quedó ensartada y me la volvió a parar y otra vez me hizo llegar a otra tremenda eyaculación. El ruido de sus hermanas la hizo salir corriendo para despistar. Se fue a lavar o a bañar, quien sabe, lo cierto es que regresó fresca como una florecita. Divina. Sus hermanas me miraban y me miraban. Yo a penas podía contener lo asofocado. La respiración estaba acelerada. Por más que me preguntaron, yo no fui capaz de articular ninguna palabra. Además no deseaba hablar babosadas, solo quería saborear aquellos polvazos que me habían enviado hasta el mismo cielo.
Con los días, la hermana que le seguía se colocó en su lugar. Carolina se sentó enfrente de mi enseñándome su entrepiernas, no llevaba nada abajo. Yo comprendí el jueguito y le metí mano a su hermana. Las piernas le escurrían de tan caliente que estaba. Aquel sexo era más grande que el de su hermana, pero en lo caliente no había diferencia. Las otras salieron y Rebeca, que así se llama, me miró como diciéndome: cógeme a mi también. No esperé más y empecé a besarla. Ella tenía una falda mucho más larga que la de su hermana y tampoco llevaba nada abajo. Se frotaba y se frotaba con mi instrumento hasta que solita se empaló y se fue a fondo. Subía hasta la puntita y luego bajaba como una estocada y hacía movimiento de rotación que yo no pude soportar y que me vengo en una gran eyaculación: Aaahhh... Ooohhh... ay, que rico, que rico, me decía ella. No te vayas a salir, no te vayas a salir, me decía mientras subía y bajaba frenéticamente hasta que me obligó a eyacular otra vez: Aaaahhhh!!!. La respiración la hacía con la boca abierta y ella más me estrechaba y no se me despegaba. Ésta tenía experiencia. “Tus hermanas van a venir, medio pude decirle con la respiración entrecortada”. No, hasta que yo les avise, me contestó y se sentó en el escritorio con las piernas abiertas. No tuve otra opción y le empecé a chupar el clítoris. Yo tenía la boca como si estuviera comiendo mango maduro. Babeaba y babeaba de tanto líquido orgásmico. Todo se me escurría. Aaaahhhh uuummm y gritó ella viniéndose en un tremendo orgasmo. Qué rico, que rico, pero que rico aaahhh. Yo le veía la cara como desconcertada, los ojos trabados, la cabeza completamente hacia atrás. Se veía como si no supiera que poseía esos dones. Ni me había fijado que tenía una cubeta con agua y una toalla y me lavó la cara y mis partes íntimas. Arréglate bien, ahorita vengo, me dijo. Yo volví a mi posición de secretario. Las otras tres llevaron toda clase de golosinas y de refrescos. La más vieja me miraba con cara de angustia, como diciéndome: la próxima soy yo.
Así es que las tres me llevaron al cielo. Una tarde me llevaron al cuarto de la más grande con el pretexto de mostrarme unas fotos que tenían en las paredes. Ni cuenta me di que la otra hermana había sido designada a cuidar la puerta principal. Su papá trabajaba, no había problema, pero su mamá había salido y ellas creían que había ido a comadrear con la señora de la tienda, siempre lo hacía.
Me acostaron en la cama muy juguetonas y poco a poco se fueron quitando la ropa. Qué culitos!!!. Ooohhh, qué divinas!!!. Me desnudaron, cada una atacándose a una prenda hasta dejarme como una lombriz. Mi instrumento llegaba hasta el techo. Mientras una me besaba la boca, otra me besaba las piernas y otra me chupaba el chupete con desesperación. Carolina se me sentó en la boca y yo sentí la gloria chupando aquel clítoris tan divino. Las otras dos tenían mi miembro entre sus labios, una de cada lado y subían juntas y bajaban juntas. La más grande se sentó dándome la espalda y la otra me mordía los testículos. Yo le mordía todo a Carolina. Carolina rugía, lloraba, se retorcía en mi boca, me bañaba toda la cara y no dejaba de ir y venir en mi lengua. Magdalena, la más grande subía despacito, muy despacito y bajaba igualmente. Rebeca hacía lo mismo con su boca, seguía el movimiento de su hermana. Cuando yo me hice un arco para eyacular poniéndome tieso, tieso, Rebeca la sacó de la vagina de su hermana para que el chorro de esperma pasara entre sus labios y los labios vaginales de la otra: Aaaahhhh, gritaba yo. Una por una se fueron sentando y me hicieron llegar hasta el mismo paraíso. De repente la hermana tocó la puerta muy fuerte y dos de ellas salieron corriendo a vestirse a otro lado. La más grande me encerró en su armario con todas mis chivas. A mí el corazón se me salía del pecho de la emoción, del esfuerzo y de la angustia. Qué tal si me ve la vieja y me obliga a casarme con alguna de ellas, estoy frito. No se ni como se las arreglaron, pero la señora volvió a salir y me vistieron y me besaron con gran pasión y lujuria y me fui a la casa.
Muchas tardes pasamos en ese jueguito hasta que me cansé. Qué divinas.
Los pechos de Marta
Lo primero que me llamó la atención de Marta fueron su hermosas y grandes tetas. Por supuesto, no se trataba de una apreciación subjetiva y personal, era una realidad tangible; a todo el mundo le sucedía lo mismo...
Cada vez que me cruzaba con ella, cada vez que tenía la oportunidad de conversar telefónicamente o por cualquier motivo se me venía a la memoria, al poco tiempo e inconscientemente comenzaba a tararear una canción de Javier Krahe: " Con verte en ropa interior ya me digo: ejem, ejem, tus tetas son lo mejor, que me ha ocultado un sostén..."
No era para menos. Marta usaba una 110; sus pechos, además de voluminosos, estaban muy bien formados, con una redondez casi perfecta. Una proporcionada aureola ponía cerco a los pezones que se levantaban heniestos, como pretendiendo buscar una libertad que a menudo se les negaba.
Al contrario que otras chicas de su misma edad, Marta no sólo no sentía reparo alguno en ocultar aquellos preciosos atributos sino todo lo contrario. Normalmente vestía ropa ajustada, la cual permitía hacerse una idea muy aproximada de la deliciosa ambrosía que atesoraba. Unos generosos escotes hacían perder la mirada entre dos cumbres vírgenes deseosas de ser exploradas, discurrir por sus desfiladeros y hacer acampada en su cumbre.
Pero, como tuve ocasión de saber de buena tinta, Marta no sólo tenía el privilegio de disponer de unos pechos grandes, hermosos, perfectos... Ni la suerte de no tener complejo alguno y mostrar todos sus encantos con orgullo. También los sabía utilizar con destreza y gran habilidad, tanto a la hora de atraer a la futura presa, como a posteriori, para doblegarla de placer ante sus pies.
Contaban las malas lenguas que Marta era una "calientapollas" por traer la ropa ajustada, por mostrar sus atributos de forma tan complaciente... Sin embargo, lo que hacía Marta normalmente era entregarse por completo, elegir la mejor presa y dejarla sin fuerza merced a sus encantos femeninos, a sus juegos, preludios, a su insanciable apetito sexual. Nunca estuve de acuerdo en ese punto; Marta no era para nada exigente, simplemente, escogida. Jamás se iba con cualquiera y menos con el primero chico que se asomaba al infierno de sus encantos.
Cuando un chico le gustaba, después de dejarse largo tiempo cortejar y hacerse la estrecha, daba un vuelco radical a su comportamiento, a todo cuanto podía esperarse de ella conociéndola superficialmente; hasta convertirse, como algunos decían, en una verdadera ninfómana. Así lo expresaba al menos un buen amigo de ambos...
Yo les había presentado una tarde en que ambos coincidimos. Paco adivinó mi presencia a lo lejos, entre la multitud, quizás mi risa me delatara. Se abrió paso entre la multitud y me saludó. En aquel mismo instante les presenté. Muy pronto Paco se sintió atraido por Marta, quedando hipnotizado, absorta su mirada en su escote, como queriendo deslizarse por él una y otra vez hasta llegar a un valle no menos encantador y delicioso.
Me contó que durante largo tiempo Marta respondía con ironías a todos sus comentarios, mostrándose borde y hasta antipática por momentos. No obstante, tampoco parecía que su compañía le desagradara. Tomaron unas cuantas copas juntos, visitaron varios lugares y fueron a acabar en el apartamento de un amigo de Paco "ausente por vacaciones". Paco, siempre tenía una copia de la llave por lo que pudiera pasar... Quizás aquella era la primera vez que la usaba..
La actitud de Marta sin ser la misma que en un principio, no dejaba de ser ambigua y desconcertante. Por una parte sus gestos, sus movimientos parecían el ritual de un cortejo que muy pronto llegaría a su fin. Por otro, sus palabras seguían manteniendo un tono hostíl difícil de interpretar. Todo cambió radicalmente nada más cerrarse la puerta del apartamento...
Paco, no estaba acostumbrado a manejar aquella cerradura e intentaba asegurarse de que todos los pasos que había dado para asegurarse de que la puerta estaba convenientemente cerrada habían sido los adecuados. Absorto como estaba, al darse la vuelta se encontró en brazos de Marta, sintiendo sus enormes tetas en su pecho, y sus labios besándole como una loba en celo.
Allí estaba él, en mitad del pasillo, completamente desnudo mientras Marta seguía acariciando su cuerpo sin tregua alguna, comiéndole la boca con sus labios carnosos, metiendole la lengua hasta el fondo y sintiéndola incansable moverse dentro de ella de un lado para otro.
Cuando tuvo la más mínima oportunidad, se disculpó con la excusa de acudir al baño. Permaneció unos minutos hasta acudir nuevamente a los brazos de Marta. Mientras se lavaba las manos, contempló su rostro en el espejo... Tenía una sonrisa en los labios fruto del apetitoso regalo que le esperaba al otro lado de la puerta del cuarto de baño. Pero, también estaba asustado ante aquella mujer que acababa de conocer... Aquella mujer que también le esperaba detrás de la puerta y que le hacía sonreir de felicidad; aquella mujer que en principio le pareció una "calienta pollas" como a tantos otros, una estrecha en realidad escondida en su halo de mujer fatal... Hacía apenas unos instantes le había dejado de piedra y sin aliento.
Salió del cuarto de baño y se dirigió al salón, pero no había rastro de Marta por ninguna parte. Sólo permanecía encendida la luz del pasillo. Contempló entreabierta la puerta de la habitación... Paco, abrió despacio la puerta mientras escuchaba la voz de Marta invitándole a pasar. Según abría la puerta, la luz del pasillo se colaba en la habitación permitiendo contemplar a Marta tendida en la cama, completamente desnuda y cubierta por una finísima sábana. Paco se dirigió decidido hasta la cama y sin dudarlo un momento se avalanzó sobre Marta y comenzó a tomar la iniciativa...
Mientras apartaba la melena de su rostro la besó en los labios apasionadamente, deslizando luego sus manos por todo el cuerpo de Marta. Primero, con la palma de sus manos adivinando su contorno, acariciándole las piernas, el vientre; luego, con la punta de los dedos.
Durante un buen rato siguió besándola apasionadamente, pasando la lengua por sus labios, besándola en los hombros sin llegar a ninguna de sus partes más erógenas. En un momento dado, Marta tomó una de las manos de Paco y se las puso sobre sus pechos: -"Me encanta que me soben las tetas". Fueron sus únicas palabras...
Paco empezó a ser consciente del apetitoso tesoro que tenía en sus manos y la invitación le hizo perder cualquier temor infundado. Comenzó con sus manos a recorrer sus tetas, a dibujar su contorno con sus dedos, acariciarle los pezones que se levantaban complacientes a sus caricias. Sus pechos le enloquecían... Muy pronto su lengua resbaló hacia ellos y los saboreó largamente, besándolos una y otra vez, jugando con sus pezones, mientras con una mano le acariciaba la otra teta, la sobaba, estrujaba, intentando ser totalmente consciente de lo que tenía allí, a su alcance y sólo para él.
Parecía como si se hubiera olvidado del resto de su cuerpo... Seguía con su boca mordiendole los pezones mientras una mano se deslizaba colinas abajo buscando un valle encantado. Despacio, su mano llegó hasta su vientre, acariciándolo durante unos instantes antes de seguir su camino. Cuando se quiso dar cuenta, una de sus manos le acariaba el chochito. Paco, sin dejar el sabroso manjar que tenía en su boca, abrió los ojos... Marta estaba completamente depilada!!!.
Le acarició todo el chochito esparciendo por todo él y por su trasero todos los jugos que brotaban de él. Marta comenzaba a suspirar y a gemir de placer.
Paco no vaciló un instante e incorporándose, acudió a saborear todo su chochito. Besó y lamió primero el lugar que debía ocupar el monte de venus y que ahora parecía completamente desierto. Le gustó aquella sensación... Luego, su lengua fue resbalando despacio hasta los labios mayores recorriéndolos una y otra vez. A cada paso, la presión era mayor, permitiendo que su lengua se adentrara más y más en el sexo de Marta. Finalmente, pretendió penetrarla débilmente con su lengua, lamerle todo su agujerito.
Así estuvo largo rato, sin olvidarse cada poco de tomar en sus manos sus enormes tetas; aquello le excitaba aún más. Su lengua ya comenzaba a jugar con el clítoris y a moverlo de un lado para otro incansable. Marta se movía de un lado a otro fruto del placer intenso que recorría su cuerpo; aquel placer que parecía brotar de su clítoris y extenderse por todos los poros de su piel.
Paco seguía su tarea, casi feliz de llevar él la iniciativa y que Marta simplemente se dejara hacer. Pero, estaba muy equivocado...
Cogiéndole suavemente por la cabeza Marta le apartó. Luego, se abalanzó sobre él y se puso de cuclillas sobre su miembro. Primero, cogiendo la polla de Paco con una mano, la fue restregando por todo su sexo de arriba a abajo, buscando que ésta le estimulara en especial el clítoris. A continuación, se sentó bruscamente sobre la polla de Paco cabalgando durante largo tiempo, haciendo movimientos giratorios, dejando caer su cuerpo hacía delante para besarle largamente, dejándose caer hacía atrás mientras apoyaba los brazos. Luego, permaneciendo de cuclillas, agachó su cabeza todo lo que pudo para contemplar como entraba y salía de su chocho el miembro de Paco. Siguió largo tiempo como una loca cabalgando y sintiendo un gran placer recorrer todo su cuerpo mientras gemía y gemía hasta que por fin se dejó caer sobre el cuerpo de Paco totalmente exhausta y satisfecha mientras seguía gimiendo y suspirando de placer.
Paco se limitó a acariciarle la espalda con sus dedos. Los jadeos de Marta se iban perdiendo poco a poco junto a su oreja.
Marta se incorporó e hizo que Paco se pusiera de pies al lado de la cama, sobre la alfombra, mientras ella permanecía de rodillas sobre la cama. Mirándole a los ojos, tomó su polla entre las manos y comenzó a acariciarla; después, comenzó a lamérsela de arriba a abajo deteniéndose durante unos instantes a subcionar con su lengua los líquidos que emanaban de su polla.
De repente, introdujo solo una pequeña parte de su polla en la boca y comenzó a meterla y sacarla de ella con suaves movimientos sin llegar hasta el fondo. Seguidamente, sus labios se adaptaron a los pliegues de su miembro y comenzaron a hacer suaves movimientos con su cabeza intentando hacer cuanta presión le era posible, subcionandolo luego como queriendo tragarse sólo aquella pequeña parte de su hermosa polla.
Paco ladeaba la cabeza de un lado a otro mientras suspiraba y gemía. Marta, comenzó a masturbarle con una mano mientras introducía toda aquella polla en su boca, sacándola y metiéndola, haciendo los movimientos cada vez más rápidos según iba comprobando que Paco estaba a punto de correrse. Sacó la polla de su boca repleta de jugos y acercándose a él se la metió entre sus dos tetas. Tomó sus tetas con ambas manos, intentando hacer presión sobre su polla, mientras movía su cuerpo permitiéndo que aquel miembro se deslizara por entre ellas una y otra vez. Paco bajó la cabeza a punto de correrse... Contempló su polla en medio de aquellas dos hermosas tetas durante unos instantes y echando la cabeza hacia atrás sintío como de su polla descargaba todo el contenido en el pecho de Marta. Inclinando nuevamente la cabeza, vio como su leche resbalaba por entre aquellas tetas... Marta, después de un momento, tomó nuevamente su polla en la boca y dió sobrada cuenta de lo poco que aún quedaba.
Si alguna vez tenéis la oportunidad de conocer a Marta, comprenderéis todo cuanto os digo. Si, además, sois agraciados con gozar de todos sus encantos, os puedo asegurar que seréis los hombres más afortunados de este mundo.
Te lo has pasado bien con las camaras? Pues ahora si quieres tienes estos videos que puedes descargar y serán tuyos para siempre
Por solos 3 sms puedes tener tu propria pelicula y verla cuando quieras en tu P C, y si no te basta con las peliculas, entonces consulta las páginas de las prostitutas que se anuncian en España pero tambien tienes que tener en cuenta que con lo que te cobran para echar un polvete que vienen a ser de 30 a 100 euros depende la puta que te encuentres y el deseo que tienes tu de follar: Osea que cuenta cuantas peliculas podrías ver y tener para siempre para ti, porqué al final del polvo es como si te hubieras echo una paja pero con menos dinero.
Bueno alla tu a ver las ganas que tienes de follar hoy petardastube.com
Protección al menor | ©2007 dondefollar.com

A esa puta me follaría yo no veas que cara de asco pone con la leche en sus tetitas en la boca se lo tenía que hacer no crees?